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Full text of "Juan Carlos Gomez 1862 Defensa De D. Rosendo Maria Fraga"

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DEFENSA 





EX-GOBKRMDOll Dii SANTA TK 


ANTE EL JURY OE BUENOS AIRES 


POR Hl< 


BUENOS AIRES 


Imprenta de La Tribuna, Victoria 31 

18 «3 



Atacado en una publicación de La Tribuna con las mas i Jifa’ 
inantes imputaciones, anunció que iba a responsabilizar á sus auto- 
res ante los Tribunales imparciales de Buenos Aires. 

Ellos me contestaron que me probarían en el juicio todo lo que 
me imputaban. 

Lejos de probármelo, lie confundido á la calumnia, y el Jury lia 
condenado á los calumniadores al máximum déla pena que la ley lo 
autorizaba & imponerles. 

Después de haber alcanzado justicia del Jury, cúmpleme pedir- 
la á la opinión de mis conciudadanos, y para ello he obtenido de mi 
defensor el Dr. D. Juan Carlos Gómez, consigne por escrito la de- 
fensa que pronunció, en cuanto de una improvisación puede conser- 
var la memoria. 

Estoy persuadido que mis amigos y los hombres do bien que la 
lean, me considerarán digno de su estimación. 


’ltosiCNJX) M. Fkaoa, 




DEFENSA DE D. EOSENDO M. FRAGA 


Sefiores Jurados : 


Muy hábil ha andado el distinguido abogado que aeabais de oir, 
en empezar su elegante discurso, por tratar de poner en contradic- 
ción al defensor con el defendido, haciendo de la conducta del pri- 
mero, un reproche al proceder del segundo. Es cierto, Señores, que 
durante una vida pública, algo larga ja, yo lie castigado la calum- 
nia con mi mas alto desden; pero estoy seguro, que no encontrareis 
en la República tres hombres, que hayan tenido el coraje de despre- 
ciarla. £>. Rosendo María Fraga tiene la debilidad de pedir justi- 
cia, la debilidad de probar que es un hombre de bien, la debilidad de 
no consentir sobre su reputación una sombra que pueda nublarla. 
El elocuente abogado que le hace este reproche, es todavía muy jo- 
ven, es un recien nacido á la vida pública, y como ya se le ha dicho 
en otra discusión, está como el vaso de cristal, que todavía no ha ser- 
vido, limpio y transparente: mañana vendrá el dedo de la calumnia 
¿ empañar ese cristm, y es entonces, cuando al entrar en su hogar 
se encuentre con la mirada interrogante de la esposa, del hijo, a el 
padre, que habrán acabado de leer el periódico en que haya sido di- 
famado; es entonces, que él sabrá lo que es la calumnia, y es enton- 
ces que sabremos si él tendrá el coraje de dejar en el alma de una es- 
posa, de un hijo, de un padre, la sospecha de que es indigno ue su 
afecto, de su consideración, y su respeto, ó si tendrá como el Sr. 
Fraga la debilidad de probar á sus deudos y á sus amigos, que no ha- 
brá dejado un momento de merecer la estimación del país y de la fa- 
milia. Estoy seguro que lia detener esa debilidad, estoy seguro que 
esa mirada de duda ó sospecha de la esposa ó del hijo, no han do 
permitirle conciliar el sueño, hasta no haber pulverizado la calumnia, 
y dejado bien puesta ante sus ojos la dignidad de su vida. 

D. Rosendo María Fraga ha sido calumniado con las máseme- 
les imputaciones, con aquellas que mas ajan la dignidad del hom- 
bre, y mas lo degradan en la consideración del hogar y déla patria. 

¡Sus calumniadores han dicho por la prensa, que lian de probar- 
le las acriminaciones que le hacen en el articulo acusado. 



— 6 — 


Con tan altanera declaración, no lian podido dejar de sorpren- 
derme, los medios de que se lia valido su inteligente abogado, para 
salvarlos de la responsabilidad y de la pena. 

Cuando se hace una declaración semejante, no hay mas alter- 
nativa que presentarla prueba ofrecida, ó pasar la plaza de los ca- 
lumniadores. Recurrir a las evasivas délas argucias de la jurispru- 
dencia, revelará habilidad y destreza en el abogado, en sus nobles 
esfuerzos por salvar á su cliente, pero no hace honor al cliente que 
así declina de su arrogancia para arrastrarse vencido por su propia 
conciencia. 

Cuando me disponía á batir en brecha la prueba ofrecida, con 
otra prueba intachable, concluyente, de una suprema evidencia, me 
encuentro enfrente de dos escepciones inesperadas, — la de no aeusa- 
bilidad del artículo calumnioso, — y la de la compensación de las in- 
jurias, — escepciones de mero derecho, en que parece haberse confia- 
do mas, que en la información sumaria con que se lia querido sor- 
prenderla imparcialidad del Jury. 

Mi distinguido compañero se ha esforzado en demostraros, que 
por las leyes que nos rigen no son acusables los artículos de periódi- 
co en que se ataca á los funcionarios públicos con imputaciones des- 
dorosas, sean ciertos ó falsos los hechos que se imputen. 

Yo huiría, Sres. Jurados, del pais en que rigiesen semejantes 
leyes, del pais en que la calumnia fuese un derecho de cualquiera 
del pueblo. Esto me probaría que tal pais estaría profundamente 
desmoralizado, seria inhabitable para los hombre de bien, y antes 
que asfixiarme en la atmósfera de tamaña corrupción, preferiría la 
barbarie de las tolderías de la Pampa, en que al menos respiraría el 
aire puro de los desiertos. 

No, la le} r no ha dicho, la ley no ha podido decir, que la calum- 
nia es un derecho; ella lia dicho, porque no ha podido dejar de decir, 
que la calumnia es un delito, que el honor de los ciudadanos es una 
propiedad sagrada que les garante la ley contra la osadía de las ma- 
las pasiones. 

Es cierto que la ley de 1S11 ha dicho — que la acusación del 
abuso de la libertad de imprenta “corresponde á los interesados si 
“ofende derechos particulares.” 

Pero, que! ¿Por ventura, el honor no es un derecho particular? 
¿por ventura, el ciudadano al aceptar un empleo publico, abdica su 
honor, renuncia al derecho de tener honor, y de defenderlo? 

El honor es un derecho particular, propiedad del hombre, y de 
la familia, de que el Estado no puede expropiar ó desposeer al ciu- 
dadano con llamarlo á su servicio. La calumnia ofende ese derecho 
particular llamado el honor, y es por consiguiente en virtud de esa 
misma ley de 26 de Octubre de 1S11, con que se pretende hacer ina- 



cusable el artículo, que corresponde al interesado, y no á otro, perse- 
guir ante los Tribunales a los que lo difaman. . 

Es cierto también que la ley de 1828 ha declarado no abusivos 
de la libertad de imprentados impresos que solo se dirijan á denun- 
ciar ó censura 11 los actos ú omisiones de los funcionarios públicos 
“en el desempeño de sus funciones. 55 

Pero ¿de cuando acá, denunciar ó censurar es lo mismo que ca- 
lumniar en el idioma del pais, ó en el lenguaje de la ley? 

La Ley íia permitido denunciar ó censurar actos ú omisiones, 
precisamente por un principio de respeto á la verdad; y mal podría 
renegarlo autorizando la mentira. 

Y tanto es así, tan indudable es que la ley del año 1828, no se 
refirió en su artículo 2 o mas que á las denuncias ó censuras de actos 
verdaderos, que á renglón seguido, en su artículo 6 o , liace responsa- 
ble al autor de esas censuras ó denuncias por “la verdad de los lie- 
helios denunciados por la imprenta cuando estos sean de los com- 
“prendidos en el artículo 2 o ”, 

Luego, es acusable el artículo de periódico, en que se hagan im- 
putaciones á un funcionario público; puesto que el autor de esas 
imputaciones es responsable de la verdad de los hechos imputados; 
y la acusación corresponde al interesado, porque su honor es su de- 
recho particular, el derecho que ha sido ofendido por la calumnia. 

D. Eosendo M. Fraga, ha podido evitarnos esta discusión de 
derecho, con un poco menos de respeto por la libertad de la prensa, 
cuyo apóstol no dejo de ser también en esta ocasión, por mas que 
haya aparentado dudarlo el ilustrado Dr. Quintana. 

D. Eosendo María Fraga no ha sido jamás funcionario público 
de este Estado. 

La ley que autorizó la discusión de la vida oficial de los fun- 
cionarios públicos, no se refiere, ni ha podido referirse mas que a 
los funcionarios públicos del Estado, los que están á su sueldo, lo3 
que tienen nombramiento oficial de 6u Gobierno, ó mandato popu- 
lar de su soberanía. 

D. Eosendo M. Fraga ha podido presentarse á los Tribunales 
como un simple particular, acusando la injuria, rehusando la prue- 
ba, acogiéndose á la ley de Partida, que prohíbe al Juez recibir á 
prueba la injuria escrita, y le manda condenarla sea cierta ó falsa. 

Hubiera obtenido en el acto la condenación de sus calumniado- 
res, pero (y en esto pruebo á mi estimado compañero que defiendo 
la libertad de imprenta) no me hubiera proporcionado la satisfac- 
ción de acompañarlo ante los Tribunales y de alzar mi voz en de- 
fensa de su derecho. 

La condenación del autor del artículo acusado estaba asegura- 
da al Sr. Fraga porda Ley de Partida; pero él no quería ejercer una 
venganza, sino evidenciar su probidad, y no ha trepidad j un mo- 



— 8 — 


mentó en someter su vida pública, y hasta su vida privada, porque 
á olla se le hacen también acriminaciones en el artículo acusado, á 
la severa prueba de la mas lata discusión y el mas prolijo exámen. 

Para ello, citó á sus enemigos ante la justicia ordinaria, les 
ofreció allí los amplios términos de prueba del juicio largo— ochenta 
dias para las probanzas, y cuarenta para las tachas, — les brindaba 
pues con tres meses de píazo para que lo confundiesen con los justi- 
ficativos que tan pomposamente hablan anunciado: los adversarios 
del Sr. Fraga, pudieron aceptar su reto, pudieron prorogar y con- 
sentir la jurisdicción de los jueces ordinarios, si creían que la ley no 
se la atribuía: — ¿ porqué no recogieron el guante? aporqué no apro- 
vecharon los tres meses de tiempo que les concedía? ¿porqué en vez 
de consentir y prorogar esa jurisdicción, la declinaron forzando al Sr. 
Fraga á un juicio sumarísímo, violentísimo, en que los términos se 
cuentan por horas, en que no liay tiempo para examinar una docena 
de documentos, ni tomar la declaración ó, un testigo ? ¿porqué ? . . . . 
diré mi couviecion, Señores Jurados; porque los que injuriaban á 
Fraga no tenían pruebas con que justificar las acriminaciones, y 
porque temían que Fraga los confundiese con una prueba abruma- 
dora. 


I Qué mayor respeto a la libertad de la imprenta puede ma- 
nifestar un hombre público, que venir á sujetarse á la discusión y 
al examen de un Tribunal imparcial en un Estado, en que están 
aseguradas todas las garantías del juicio? 

l Qué mas podiiihacer el Sr. Fraga, que aceptar deberes á que 
no lo ligaba la ley, qué colocarse en la posición do un funcionario 
publico” del Estado, qué acordar á sus detractores el derecho de de- 
cirle todas las verdades que se les ocurriesen, por dolorosas que pu- 
diesen serle? — Querían mas: querían también el derecho de calum- 
niarlo; querían el derecho de no ser acusados por la falsedad de las 
imputaciones, y es osa la primera cscepcion que lian deducido, y 
creo haber dejado contestada con el texto de las leyes de 1811 y 
1828 que han invocado. 

Cuatro palabras me bastarán para demostrarla inadmisibilidad 
de la < compensación , que es la segunda escepeion con que se lia que- 
rido eludir la obligación de probar las injurias. 

D. Rosendo I\í. Fraga atrozmente injuriado por el artículo acu- 
sado, anunció inmediatamente que iba á responsabilizarlo ante los 
Tribunales, proroscando patentizar que esas injurias eran calumnias, 
t iii duda do ¿us bajo# é hiii'iganies enemigos. 

lié ahí, Señores J urados, las injurias con que se pretende com- 
pensar las del artículo acusado, en que se imputan á mi defendido 
crímenes é infamias de todo género. 

Acato la autoridad de los jurisconsultos citados por el abogado 
a quien contesto, y reconozco con que la jurisprudencia de núes- 



tros Tribu nules, lia consagrado la vigencia de las leyes, que estable* 
cen la compensación de las injurias. 

Pero en primer lugar, esos mismos autores que se han citado, 
previenen álos Sres. Jurados, que hay que atender á la provocación* 
pues no hay la misma intención criminal y es por tanto distinto el 
acto, del que irritado rechaza la injuria con la injuria, del acto de 
aquel que tria y premeditadamente, con el propósito de dañar pro- 
voca esa represalia con un cúmulo de difamaciones. 

En segundo lugar, esa ley del Estilo con cine se viene á pedir 
que se den por compensadas las injurias del articulo acusado, y del 
que rechazó sus dicterios, requiere para esa condensación, que las 
injurias sean de la misma naturaleza y de la misma gravedad. Esa 
ley no admítela compensación t n injurias desiguales, — mandando 
que se castiguen las mayores. ¿Y podría sostenerse por un momen- 
to ante hombres de conciencia y de honor, que son injurias de la 
misma naturaleza y de la misma gravedad, aquella por la cual se ca- 
lifica á un hombre de bajo é intrigante, y aquella por la cual se le 
apostrofa de ladran público, de protector de bandoleros y salteado- 
res , de cómplice de JBimnclim y de C Invengo? 

En tercer lugar, para compensarse las injurias es condición in- 
dispensable, que sean dirigidas á los mismos litigantes. El Sr. Fra- 
ga acusa injurias que le lian sido directamente fulminadas por el 
que se reconoce autor del artículo acusado. Este, quiere compen- 
sarlas con injurias, si fuesen injurias, dirijidas á todos los enemigos 
delSr. Fraga, esos enemigos á quienes declara bajos é intrigantes . 
¿Quién ha ciado al acusado la personería de esos enemigos del Sr. 
Fraga? Con qué representación, con qué poder viene á acusar por 
una falange anónima injurias que nadie podría recoger, por que á 
nadie se dirigen? 

Por último, la ley habla de injurias y el Sr. Fraga ha acusado 
calumnias . Si las calumnias fuesen compensables como las inju- 
rias, después de la prueba, los Sres. Jurados tendrían que rechazar 
la compensación, porque si el Sr. Fraga probase que habia sido in- 
dignamente calumniado por el artículo acusado, habría dicho la 
verdad, en llamar calumniadores, bajos é intrigantes, á los que tra- 
taban de desconsiderarlo ante sus conciudadanos con semejantes 
medios. 

La segunda escepcion es por tamo tan inadmisible como la pri- 
mera, porque no hay injuria en protestar con indignación contra 
una calumnia, al prometer confundirla ante los Tribunales, porque 
no la hay en rechazar con energía una provocación temeraria; por- 
que no la hay en la palabra que solo muestra la indignación contra 
la palabra que hace alarde de la ofensa; porque no la hay en califi- 
caciones impersonales, anónimas, dirigidas á todos y á ninguno de 
los que componen un círculo ó una camarilla política; porque no la 



— 10 


hay en apellidar el calumniado con el dictado de calumniadores á 
los* que ofenden su honor, v en llamar bajos é intrigantes á los que 
se valen de la intriga y de la bajeza de la calumnia para descon- 
ceptuar á un conciudadano. 

Contestadas así las dos escepciones prévias, entro de lleno al 
fondo de la cuestión — á patentizar la falsedad de los hechos impu- 
tados por el artículo acusado a D. Rosendo María Fraga. 

El articulo que acuso, Sres. Jurados, tuvo por objeto como lo 
ha declarado el abogado contrario, atacar en la Provincia de Santa- 
Fé la candidatura de D. Rosendo María Fraga, para levantar la 
candidatura de la familia Callen, á que está ligado el acusado por 
vínculos de afección y de interés. 

Los enemigos del Sr. Fraga se hallan hoy en el Poder en San-' 
ta-Fé con el Gobierno del Sr. ^Cullen. 

Fácil hubiera sido por consiguiente al acusado reunir en aque- 
lla Provincia pruebas con que anonadar en este juicio al candidato 
que combatió, sacar de sus archivos los documentos que manifesta- 
sen sus dilapidaciones, durante su administración; descubrir todos 
sus hechos culpables, que pudieron permanecer ocultos mientras 
tuvo el poder, pero que debían salir á luz con el predominio de sus 
enemigos. 

Francamente, yo creía que me vería obligado á hacer algunos 
esfuerzos para derribar el edificio de 1111a prueba, levantado en esas 
condiciones tan adversas á mi defendido, y tan complacientes con 
sus detractores; y no ha podido menos que sorprenderme ver que 
todo lo que se trae á este debate es una infirmación sumaria pro- 
ducida tenebrosamente entre las cuatro paredes de un juzgado de 
Santa-Fé, sin requisitoria, ni autorización délos jueces de esta cau- 
sa, sin citación de mi defendido, sin ningún valor judicial, ni proba- 
torio. Si fuese permitido semejante medio de prueba, con una in- 
formación por el estilo, podría probarse que J csueristo fue un mal- 
vado, no habría inocencia, no habría santidad que estuviese al abri- 
go de las informaciones judiciales de Santa Fé. 

Esa información, Señores Jurados, no tiene mas objeto que sor- 
prenderos; debeis arrojarla debajo de la mesa, porque no podéis re- 
conocerle la menor fuerza legal, porque no podéis consentir que se 
venga á engañar á vuestras conciencias con tales supercherías. 

Esa información es un crimen. Ei juez que la levantó, juez de 
derecho, no ignoraba, que le está prohibido hacer ycsqmzas secretas 
sobre la vida de un ciudadano. El Sr. Fraga no estaba acusado, ni 
denunciado ante él, no lo estaba procesando, no debia ni podía ad- 
mitir una petición para pesquizar la vida del Sr. Fraga, y averiguar 
si había cometido en ella algún delito. 

Objeta á esto el abogado á que contesto, que importando la 
petición para producir la información mm denuncia de delitos pú- 



11 — 


Micos, el juez, (lo oficio, debió proceder á averiguar si se liabian per- 
petrado tules delitos para proceder criminalmente contra el que 
aparecia denunciado. 

Si tal hubiese sido el pensamiento del Juez, la presencia de esa 
información en este juicio, diría bien claro, que el juez no encontró 
vestigios de semejantes delitos, cuando devolvió al peticionario su 
petición tramitada. 

Pero no es cierto que ese Juez tuviese facultades para proceder 
á esa averiguación. Por la Constitución de Santa Fé, como por to- 
das las Constituciones de los pueblos libres, solo el Poder Legislati- 
vo puede abrir causa á los Gobernadores ó Presidentes, á los que es- 
tuvieron encargados del Poder Ejecutivo, por delitos cometidos du- 
rante su Gobierno contra los intereses públicos. El Juez cometía, 
pues, un doble crimen pesquizando la vida de un ciudadano y usur- 
pando las facultades de la Asamblea, crimen de atropellamiento á 
las garantías individuales, crimen de atentado contra la soberanía del 
país. 

Esta sola consideración sobra para poner en transparencia á los 
ojos de los Sres: Jurados, la imparcialidad de ese Juez, que infrin- 
gía todas las leyes, que atropellaba todos los derechos, que pasaba 
por encima de todos los poderes, para reunir algunos datos con que 
favorecer á los detractores del Sr. Fraga. 

Los Sres. Jurados, son hombres de conciencia y de honor, y su 
honor y su conciencia les dirán, la importancia que deben dar á una 
información fraguada por un crimen, urdida en las tinieblas del se- 
creto entre los enemigos del Sr. Fraga, confabulados con nn Juez 
que no se detuvo ante las mas escandalosas violaciones de las leyes 
para proporcionarla. 

A esa información voy á oponer los documentos oficiales, prue- 
bas auténticas é intachables, voy á oponer los testimonios de los 
mismos enemigos del Sr. Fraga, de los socios del acusado, que él no 
recusará, voy a oponer las declaraciones de los primeros hombres de 
Puenos Aires, de su Gobernador, el General D. Bartolomé Mitre, 
de los Ministros de Estado D. Domingo Faustino Sarmiento y Dr. 
D. Dalmacio Velez Sarsfield, cuyos nombres responden á los Sres. 
Jurados de la respetabilidad de sus afirmaciones. 

Impútase á mi defendido en el articulo que estáis juzgando, 
que no tenia un solo peso cuando subió al Gobierno, é hizo de Go- 
bernador una buena fortuna. 

El Sr. Fraga quiso rendir pruebas sobre este hecho ante el Pre- 
sidente de esto Jury, mientras se reunían los Sres. Jurados, para ha- 
cerlas valer perentoriamente en la audiencia pública de la causa, no 
pruebas ocultas como la información de Santa Fé, sino públicas, con 
citación del acusado, pudiendo él presenciar el juramento de los tes- 
tigos, ver por sus ojos que no eran entes imaginarios, sino las mis- 



— 12 — 


ma 3 personas que firmasen las declaraciones, y hallarse habilitado 
para tacharlas. Pero el acusado se opuso á que se admitiera esa 
prueba, á pretesto de falta de jurisdicción en el Juez de derecho, 
Presidente de este Jury y él, que liabia encontrado jurisdicción en el 
Juez de Santa Fé para recibir contra el Sr. Fraga pruebas que adu- 
cir eu este juicio; se opuso con esa escepcion, que hubo que tramitar 
previamente, y no hubo tiempo para resolverla, impidiendo así ser 
confundido por la evidencia. 

Pero á falta de esa prueba traigo aquí dos cartas de D. José 
María Gullen, socio del acusado, cuya firma él conoce, y cuyo testi- 
monio no le será sospechoso. Son cartas anteriores al Gobierno del 
Sr. Fraga y ellas revelan, que el Sr. Fraga antes de ser Gobernador 
de Santa Je, había tenido negocios, había pertenecido á una socie- 
dad de comercio, para lo cual se requiere algún capital, alguna for- 
tuna. 

En la primera de estas cartas, dice D. José María Cullen á D. 
Rosendo María Fraga: — iv el conductor de esta, marcha en este mo- 
“mento, cuando solo” tengo tiempo de anunciar á Y. la venta que he 
‘‘hecho de los frutos que me remitió en la goleta Salteña.” 

En la segunda de esas cartas dice el mismo D. José María Cu- 
llen: — ‘‘tengo á la vista su muy apreciable fecha 22 del pasado, en 
“que me pide atienda la firma de su socio el Sr. Silva por una factu- 
ra que me pide para el Sr. Casavino, á quien he servido según me 
“lo recomienda. 55 

Hé ahí atestiguado por el socio del acusado, por el enemigo po- 
lítico del acusador, que el Sr. Fraga fue antes de su gobierno un 
hombre laborioso, con medios de fortuna, con relaciones comercia- 
les, con suficiente crédito para hacer que el Sr. Cullen con su sola 
recomendación diese facturas. 

A lo concluyente de este testimonio ha pretendido escapar el 
diestro defensor del acusado con la evasiva de que el Sr. Fraga pudo 
tener fortuna al tiempo de escribirse esas cartas y no tenerla cuando 
entró al Gobierno de Santa Fé, perderla en las crisis comerciales, en 
malas operaciones de comercio, y encontrarse sin un solo peso cuan- 
do fue nombrado Gobernador de la Provincia. 

Los Sres. Jurados comprenden, que me seria imposible poner 
de manifiesto dia por dia de la vida del Sr. Fraga, único medio de 
cerrar la puerta á esas evasivas, y no dejar asidero alguno á la sos- 
pecha. 

Basta sin embargo, para jueces de couciencia, dejar bien esta- 
blecido este hecho, — que el Sr. Fraga antes de ser Gobernador fue 
un comerciante con alguna fortuna y algún crédito; porque aun en 
los quebrantos del comercio, el crédito y las relaciones comerciales 
son suficientes para restablecer las fortunas perdidas. 

Los Srcs. Jurados vana’ persuadirte que i). Rosendo María 



— .18 — 


Praga no ha podido hacer fortuna en el Gobierno de Santa Fé. 

Sabido es que la regularidad administrativa es el primer obstá- 
culo á los malos manejos de los Gobernantes. Esta ha sido la razón 
de sujetarse á los gobiernos en los pueblos libres á presupuestos de 
gastos, previamente discutidos y sancionados por el Poder Lejisla- 
tivo, á la obligación de rendir cuenta de la inversión de los im- 
puestos, y ai exámen y juicio de estas cuentas. 

D. Rosendo María Praga puede reclamar el honor de haber 
sido el primer Gobernador de Santa-Fé, que ceñido en su adminis- 
tración á un presupuesto de gastos, ha dado cuenta de la inversión 
de esos impuestos, ha pedido el exámen de esas cuentas, y ha espera- 
do fuera del Poder, el fallo. 

En la administración del Sr. Cullen, socio del acusado, admi- 
nistración modelo para él, los gastos públicos sumaban 177000 pe- 
sos al afio. 

El primer acto del Sr. Fraga es reducir los gastos que fueron 
rebajados el primer año de su gobierno á 104,4:06 pesos, y el segun- 
do año á 92744 pesos, la mitad de lo que había necesitado el Go- 
bierno del socio del acusado, el administrador para él modelo, el Go- 
bernador por exelencia de su Provincia ! ! 

Estos hechos están probados por el informe de la Comisión del 
Presupuesto á la Asamblea de Santa-Fé, que acompaño publicado 
er el periódico La Fraternidad, periódico de aquella provincia, en 
su número 13. — El informe está firmado, entre otros nombres, por 
D. Tomas Cullen, cuyo testimonio no rehusará el acusado. 

Ese informe no solo consigna los hechos y cifras de que acabo 
de hablaros, sino que también nace la apología de la severa admi- 
nistración financiera del Sr. Eraga, y me permitiréis leeros algunoB 
párrafos. Dice así : — 

“La Comisión. ...... .ha tenido un especial cuidado en com- 
parar el presupuesto, con los sancionados por Y • H. para los ejer- 
cicios ánteriores. 

“El resultado de sus investigaciones es lisonjero. 

“El espíritu de economía domina en el citado presupuesto, todo» 
“los gastos que se proponen son necesarios, y tienen por objeto ne- 
cesidades de buen gobierno. 

“Suprimir una sola de esas partidas seria entorpecer la marcha 
“administrativa, sin tener en vista ningún resultado satisfactorio. 

“El presupuesto de sueldos y gastos para el último año de la 
“administración del Sr. Cullen, ascendía á 177000 pesos. 

“En la administración del General López se rebajo á la suma 
“de 146640 pesos. 

“El primer año déla administración del Coronel Fraga fué re- 
“dueido a 104,406 pesos. 



— 14 


«El que nos ocupa actualmente asciende á la cantidad dó 
“92,744 pesos. 

“Resulta, pues, una notable economía, sin perjuicio de la ad- 
“m ilustración, y a íavor de las rentas de la X rovmcia 

. . . (Firmado) — Tonas Cuelen — Tolentino Fontanilla — - 

Manuel Cali” 

Un gobernador que reduce así loa gastos de la administración 
pública a la mitad de lo que gastaba el gobierno del socio del acusa- 
do, que él tiene por honrado 'ó íntegro ¿puede dilapidar los dineros 
del pueblo? Si el gobierno del hombre que el acusado tiene por hon- 
rado, por ser su socio, gastaba el doble ¿no basta esta prueba para 
afirmar que el acusadora calumniado al Sr. Fraga? 

Repito, los Señores Jurados son hombres de conciencia, y yo 
interpelo á su conciencia para que me responda si es posible hacer 
fortuna en dos años de una administración que gasta cien mil pesos 
al año ! ! ! 

Lo evidente no necesita probarse, y es materialmente imposible 
enriquecerse en dos años con una administración que apenas tiene 
cien mil pesos para sus gastos. 

¿Que cantidad pudo apropiarse el Sr. Fraga de esa miníma 
renta? Por qué no lo ha revelado el acusado? No tenia ó no po- 
día tener si quisiera, la cuenta de inversión presentada por el Sr. 
Fraga? ¿como no ha señalado con el dedo la partida, simulada de esa 
cuenta, que figura en ella para encubrir un peculado? 

Que el Sr. Fraga presentó á la Asamblea de su Provincia la 
cuenta de inversión de los años de su administración, es punto fuera 
de duda. Lo prueba el informe de la Comisión nombrada por esa 
Asamblea para dictaminar respecto de ella. Este informe se halla 
publicado en el mismo número del periódico de Santa-Fé que he 
acompañado y tienen á la vista Iob Sres. Jurados. En ese informe 
pueden los Sres. Jurados ver estas palabras testuales: — “Honorable 
“señor. La comisión nombrada por Y. H. para dictaminar sobre 
“el Mensage del Poder Ejecutivo y la cuenta General de la inver - 
“ sion de losfondos píiblicos en el año pasado” (el ..último de la admi- 
nistración Traga) .y mas abajo estas otras palabras también tes- 

tuales: “La cuenta jen eral que habéis presentado de la inversión de 
“los fondos públicos, seguirá el espediente que la legislatura va á 
“adoptar por una ley especial, reglamentando el articulo 47 de la 
“Constitución de la Provincia. 55 

Está probado de consiguiente que el Sr. Fraga presentó la cuen- 
ta de inversión de los fondos públicos, durante su administración, y 
fué el primer Gobernador que dio cuenta en Santa Fé de la admi- 
nistración de sus rentas, puesto que la Legislatura tuvo que iniciar 
la sanción de una ley especial, que no existia, para determinar que 



— lo — 


se liarla con esa novedad que él Sr. Fraga introducía en la adminis- 
tración de la Provincia rendir cuentas! ! ! 

Desde esa fecha, desde el año 1860, nada lia dichola Legislatu- 
ra de Santa Fé sobre las cuentas del Sr. Fraga. Si se hubiese apro- 
piado los fondos piiblicos, si hubiera hecho con ellos uua fortuna co- 
mo se le imputa, ¿corno los enemigos del Sr. Fraga, en tanto tiempo 
que lian dispuesto de los destinos de aquella Provincia, no han ulti- 
mado la influencia del Sr. Fraga, del hombre á quien atacan con ar- 
tículos de periódico, revelando las falsedades de esas cuentas, paten- 
tizando con ella los malos procederes que le reprochan? 

¿Qué mas pruebas, Síes. Jurados, de que es una calumnia la 
imputación hecha al Sr. Fraga de haberse enriquecido con los dine- 
ros públicos, que ese silencio de sus enemigos sobre las cuentas de 
su administración? Están en el poder en Santa Fe los enemigos del 
Sr. Fraga, los socios del acusado, el candidato Cullen, para efinode- 
lo de gobernadores 

(El Dr. Quintana interrumpe para esplicar que el Sr. Cullen, 
actual Gobernador de Santa Fe, es D. Patricio, no D. José María 
Cullen, cine fué gobernador antes que Fraga, etc. . . .) 

*' Cullen, D. Patricio, candidato del acusado, pues el artículo que 
se juzga tuvo por objeto como se ha reconocido, combatir la candi- 
datura Fraga en favor de la candidatura Cullen, que subió al go- 
bierno, ó Cullen, D. José María, todo es lo mismo, es el triste espec- 
táculo de una familia gobierno, que dice bien alto que no es la ver- 
dad del gobierno democrático lo que existe en donde una familia 

Í >rovee de gobernantes al pueblo. El hecho es que están en el poder 
os enemigos del Sr. Fraga, y esos enemigos no han podido encon- 
trar en las cuentas de su administración cargos con que anonadarlo, 
puesto que las relegan al mas pertinaz silencio. 

Mi elocuente compañero, previendo estas pruebas, constantes 
de documeiitos auténticos, ha dado á entender que no eB en los gas- 
tos de la administración en donde está Ja esplotacion del gobierno 
que enriqueció á D. .Rosendo María Fraga, sino en las negociaciones 
de tierras públicas. 

También en este terreno voy á avergonzar á la calumnia con 
los documentos oficiales, que forman la mas positiva de las pruebas. 

En la sesión de la Asamblea de Santa Fé de 9 de Octubre de 
1860, cuyo estracto se haya reproducido en el número 2423 de La 
Tribuna , qne pongo en manos de los Sres. Jurados, con motivo déla 
discusión de un proyecto de ley del Sr. Oroño, enemigo político del 
Sr. Fraga, pariente de los Cullen, para prohibir al Gobernador Fra- 
ga la venta de terrenos de la Provincia; en esa sesión, decía, se pre- 
sentó nn estado demostrativo de la venta de tierras públicas durante 
las diversas administraciones de la Provincia. 

Por este estado consta que durante el gobierno Cullen ? del só- 



— 10 


cío del acusado, del Callen 1°, se vendieron IOS leguas de tierras. 

Durante la administración de D. Rosendo M. Fraga, según ese 
estado, solo se vendieron trece leguas!! 

T en la nota de la Receptoría de Hacienda, leída en esa sesión 
transcrita en el estract-o, dice esa oficina estas palabras testuales: 
«Hay deficiencia entre las ventas y las remisiones que voy á hacer 
“notar, es decir, en la lista de ventas desde el numero I o al 17 in- 
clusive (hechas en el gobierno del Sr. Cullen) no aparece remisión 
« de pagarés nicle dinero que á estas relacionen ” 

Aclemas de esto, consta de la misma nota de Receptoría que se 
hacían ventas sin pedimento, es decir, se distribuían las tierras ad 
libitum , sin los trámites legales. Nada de esto en el tiempo del'Sr. 
Fraga. Todo es regular. Ningún precio de venta desaparecido. 
De todos consta la entrada, que pasaba á formar parte cíe los recur- 
sos con que se cubría el presupuesto de gastos, de cuya, inversión se 
dio cuenta. 

Si ese estado demostrativo délas ventas de tierras fuese falso, si 
esa nota de la Receptoría de Hacienda fuese embustera, el Sr. Oro- 
fio amigo político y personal y pariente del Sr. Cullen, no los hu- 
biera dejado pasar sin contestación. 

Y no se diga que tal vez le faltaba libertad para alzar la voz 
en defensa del í5r. Cullen y en contra del Sr. Fraga. No podía dejar 
de tener libertad un diputado que presentaba un proyecto de Iéy 
para imponer una prohibición al Gobernador, para quitarle una fa? 
cuitad, para despojarlo de una entrada, para reducirle los dineros 
de que podía disponer. Eso no se atrevería á hacerlo un diputado, 
bajo el gobierno de un Rosas, de un Urquiza. Se guardaría muy 
bien el mas osado de intentarlo. La presentación de ese proyeeto, 

S rohibiendo al Gobernador Fraga la venta do tierras, es la masaca- 
ada prueba de la libertad y de la garantía, con que contaba el Sr. 
Oroño. 

Pues bien: en vez de i notificar al Sr. Cullen y acusar al Siv Fra- 
ga, atacando la verdad del estado y la nota, lié aquí lo que dijo el 
Sr¿ Orofío, cuyo testimonio no rechazará el acusado, pues ha querido 
traerlo de testigo á esta causa contra el Sr. Fraga, r no haciéndolo, por 
que se" le anunció que iba^a ser tachado, por su enemistad á mi de- 
fendido. i *" 

Dice el estracto de la* sesión: 

; “El Sr . Oroño. La relación que acaba de presentar el Sr. Mi- 
nistro me impone el deber de declarar que no he abrigado la idea 
“por un momento de que las tierras públicas se hubieran defraudado 
“durante la actual admipwttTOj^ [del Sr. Fraga.] 

2 ¡ír 2JÍ como abrigarcfeá-iáfea^' Jurados: yo vuelvo ¿interpelar 
vuestra concienciá ¿jesposible ba.dér\una fortuna, enriquecerse, con 
la venta de trece legras de tierra, ¿SJo precio aparece integrado en 



— li- 


las arcas fiscales? [Qué mema, qué sisa de ese precio podía hacer uu 
gobernante, que lo tentase á arrostrar el deshonor en el presente y 
la infamia en lo venidero? ¿No es ridículo sospecharlo siquiera? Por 
otraparte mo están los enemigos del Sr. Fraga en el poder en San- 
ta Fe, no han podido verificar si el precio en que fueron vendidas 
las trece leguas de tierra fué mermado ó sisado, no ha tenido facili- 
dad el acusado de verificar la realidad de ese precio, para obligar á 
su acusador á retirarse de este juicio con la frente inclinada? La me- 
jor prueba de que es una calumnia la nueva imputación hecha en 
este debate de que el Sr. Fraga se hizo de pesos con la venta de 
tierras, es que no ha traído prueba ninguna de ello el acusado, con 
tantas ventajas y facilidades para conseguirla, si fuese cierto el he- 
cho. 

Bástame, señores, probaros que es otra calumnia, la imputación 
hecha á D. Eosendo M. Fraga, de haber sido el protector de los ro- 
bos de Birrincliin y Chivengo en las fronteras de Buenos Aires. 

Sobre este hecho, como sobre los otros, hablarán bien alto do- 
cumentos fehacientes y notas oficiales. 

El Sr. Fraga ha sido el primer Gobernador de Santa Fe que 
lia tratado de poner á raya ese vandal age, iniciando un acuerdo con 
el Gobierno de Buenos Aires para perseguir y castigar á los ladro- 
nes de las fronteras. 

En la colección de la Tribuna que pongo en vuestras manos está 

B iblicada la nota del Sr. Fraga á nuestro ministro de Gobierno D. 

omingo F. Sarmiento, fecha 17 de Mayo de 1860, en que le anun- 
ciaba los esfuerzos que hacía para acabar con el pillage de nuestros 
ganados. “Los primeros pasos han dado ya resultados plausibles, 
“di¿e esa nota. Uno de los Gefes de las Fartidas que he despacha- 
ndo en comisión para perseguir ladrones, me dá parte de haber sor- 
prendido dos arrias, una de ellas al parecer perteneciente á pro- 
pietarios de esa Provincia. Inmediatamente se procede al esclare- 
cimiento del origen de esos ganados, y si como espero resultan en 
“efecto estraidos de allí, lo pondré en el acto en conocimiento de 
“Y. S., como le serán igualmente participados todos los esclareci- 
“mientos que sucesivamente se hagan, y afecten intereses de esa 
“Provincia. 

“En cuanto á los ladrones, serán sometidos á todo el rigor de la 
“justicia, y de hoy en adelante no podrán ufanarse de haber burla- 
“do la ley y la moral. 

“Espero de parte del Gobierno de Y. S. una retribución igual 
“para los culpables, que infieran peijuicios á los intereses de este 
“Departamento; y de esta armonía de resoluciones; y esta reciproca 
“actividad de celo y de propósito, el interés público recogerá unjtfa- 
“lioso provecho”. — 

En el mismo sentido había escrito al General Mitre y al l Dr. 



— 18 


Yclez Sarsfield, que por la posición oficial que ocupaban, bien al 
corriente de lo que sucedía en la frontera, pueden dar testimonio 
ante los Señores Jurados de los laudables procederes del Sr. Fraga 
respecto de Buenos Aires; y lo dán en efecto, en sus cartas del alio 
1860 que presento originales. 

El Dr. Yelez Sarsfield escribe al Sr. Fraga lo siguiente: 

“En esta ciudad tiene Yd. la mayor estimación y aprecio, por 
“la conducta qae lia observado contra los salteadores que liacian 
“incursiones en la campaña. Siga Yd, Señor, en ese camino, y ten- 
“drá la opinión de todo Buenos Aires, y de todos los hombres hon- 
rados, y le hará á la Provincia de su mando el servicio importante 
“de llamar á ella los capitales de Buenos Aires, desde que la cam- 
“paña del Rosario deje de presentarse como una cueva de ladrones”. 

El General Mitre escribía al Sr. Fraga en el mismo año estas 
palabras : 

“Acepto con reconocimiento las distinguidas espresiones y la3 
“sinceras felicitaciones con que me honra, y las acepto sin trepidar, 
“porque ellas tienen por origen uno de los sucesos mas faustos y lier- 
“mosos de la Nación Argentina, y porque comprendo que el "senti- 
“miento que las ha dictado es digno de la altura y del patriotismo 
“de un hombre, que como Y. E. ha señalado su administración, por 
“actos de moralidad y lealtad liáeia Buenos Aires, y de un verdade- 
ro espíritu de unión y confraternidad.” 

A esas terminantes declaraciones se ha opuesto por el acusado 
que todas esas notas del Sr. Fraga no pasaban de ofertas, y de pro- 
mesas, y se me ha desafiado á que aduzca hechos, que acrediten que 
las obras correspondían á las palabras. 

Parece que la Providencia se propusiese hacer triunfar esta vez 
la verdad completamente, pues me de] a caer como del Cielo una 
prueba concluyente contra esta objeción imprevista. Soy este año 
defensor de pobres en lo Criminal, y á esto debo saber que mañana 
mismo se dará cuenta en la Audiencia pública del Tribunal Supe- 
rior de la causa de Pedro Frías, remitido por el Sr. Fraga á esta 
Provincia, para ser aquí juzgado, por arreos de ganados de nuestra 
frontera al Departamento del Rosario. El Jury puede pedir al Tri- 
bunal Superior que en este momento se halla reunido en la pieza 
inmediata, permita á su Relator traer un instante el proceso, y leer 
la nota de remisión del preso, del sumario y de las haciendas. 

No eran palabras de consiguiente, sino hechos, y muy positivos 
las persecuciones del Sr. Fragata los ladrones de ganados de Buenos 
Aires, y queda evidente ante la conciencia de los Sres. Jurados que 
lia sido una calumnia llamarlo su protector y su cómplice. 

Y para disipar la última sombra, que se ha tratado de echar so- 
bre la administración del Sr. Fraga, recojo la imputación que se le 
ha hecho en el curso del debate, de haber encarcelado Jueces, y 



— 19 — 


deshecho Tribunales, aunque nada tenga que ver con la acusación 
que se está juzgando. 

El hombre que en medio de una revuelta, cuando silvaban las 
balas en torno suyo, llevó su respeto por las garantías individuales 
hasta el estrenio de no permitirse penetrar en la casa de los revoltosos, 
y de pedir para ello orden de allanamiento al Juez competente, co- 
mo se vé de la misma orden que original he acompañado: el hombre 
que al otro dia del motin, llevó su generosidad hasta indultar á to- 
dos sus enemigos, regalándoles el beneficio de la patria y de la fami- 
lia, como resulta del decreto de 4 de Junio de 1860, también acom- 
pañado, — no podía ser ilógico consigo mismo, desmitiendo esos an- 
tecedentes con tamaño atentado contra las garantías de sus conciu- 
dadanos, por el mezquino cálculo de humillar en un pleito á un ad- 
versario de intereses. 

Es cierto que el Sr. Fraga apremió con prisión á hombres que 
habían sido jueces, pero ya no lo eran. Y no jueces en pleito del 
Sr. Fraga, como se ha dicho, pues ninguna cuestión personal tenia 
ante ellos. 

El suceso pasó como voy á referíroslo. 

La ley déla Provincia de Santa Fé de 2 Setiembre 1S56, de 
que os impondrá el Sr. Camarista Presidente del Jury, disponía en 
su artículo I o que “el Juzgado de Alzadas se compusiese de tres Jue- 
ces nombrados por el Poder Ejecutivo, “estableciendo por su artí- 
culo 5 o que esa disposición “rejiria provisoriamente y hasta que el 
“Poder Ejecutivo proveyese de un letrado competente ese Juzgado, 
“¿o que podría verificar por sí solo en el receso de la Asamblea r. 

El Gobernador Fraga encontró un letrado con que proveer el 
Juzgado de Alzadas, por haberse prestado á desempeñarlo el Dr. 
Islas, y en uso de sus facultades espidió su nombramiento. 

Entonces los tres jueces que lo desempeñaban provisoriamente, 
resisten el nombramiento del Dr. Islas y se niegan á hacer la entre- 
ga del Juzgado. Era un acto de rebelión. 

I Qué cumplía al Gobernador? 

Qué? . . . . reducir por la fuerza á esos ciudadanos en rebelión, 
que ya no eran jueces, á respetar la ley, y acatar la magistratura del 
Dr. Islas. Fue lo que hizo. ¿ Es esto una tropelía, un atentado ó 
es simplemente la firmeza en el cumplimiento de un deber? 

Están desvanecidos como el humo todos los cargos que se aglo- 
meraron sobre la administración de D. Rosendo Fraga. La ca- 
lumnia está probada hasta la última evidencia. 

Pero aun me queda una prueba, con que anonadar al detractor 
del Sr. Fraga, y es su propio testimonio. Voy á acabar de postrar- 
lo en este juicio. Voy á desmentirlo con sus propias palabras. Voy 
á hacerle confesar por sus propios lábios ante vosotros que ha ca- 
lumniado á D. Rosendo María Fraga. 



20 — 


Tengo aquí, y os la entrego, un acta levantada en el Rosario, 
cuando estallo el motín contra el gobierno del Sr. Fraga, firmada 
por el acusado, que no negará su firma. 

En esta acta declara el acusado bajo su firma que apoyaba al 
gobierno del Sr. Fraga, “y lo hacia, añade, tanto mas espontanea - 
u inente , cuanto que, ademas de ser un precepto de todo buen duda 
“daño, era impulsado á ello, no solo por un deber, sino arrastrado 
“por las simpatías que la administración del Sr. Fraga había sa- 
bido captarse por tos beneficios de que aquella localidad, había cn- 
“irado a gozar” . 

Ayer, cuando no se trataba de elevar al poder á la familia Ou- 
llen, la administración del Sr. Fraga era escelentc para el acusado, 
merecía todas sus simpatías. 

Pero asoma la pretensión do dar el poder á la familia do su 
socio, y el Gobierno de sus simpatías, se convierte en el gobierno de 
sus calumnias. 

Concluyo, Señores Jurados. 

Los hombres que nos hemos consagrado á la causa pública con 
desinterés,’ llevamos en el alma una profunda tristeza, no por las 
calumnias, con que nos han asaltado los malos intereses, sino por la 
complacencia, que ha dispensado la indiferencia de la opinión á los 
calumniadores. 

Este Tribunal es el representante de la opinión pública. > 

Su fallo vá á decirnos si los que están dispuestos á consagrar 
sus fuerzas al bien de los pueblos, nada deben esperar de la con- 
ciencia pública; 

O, si pueden arrostrar confiadamente todos los tormentos y to- 
dos los dolores, con la seguridad de que no serán desconocidos, 6 
renegados por la indiferencia do la opinión, sus sacrificios al bien de 
sus semejantes. 

Dígalo. 

He concluido.